Augusto Roa Bastos

Perfil biográfico 1917-2005.

Escribir no significa convertir lo real en palabras, sino hacer que la palabra sea real.

Augusto Roa Bastos

Cronología

El 13 de junio nace en Asunción, Paraguay, Augusto José Antonio Roa Bastos. Sus padres, Lucio Roa Gómez, nacido en Karaya’o, su madre Lucía Bastos Filisbert, descendiente de portugueses y franceses. Tuvo que trasladarse muy pequeño, junto al resto de su familia, a Santa Clara, más tarde llamado Iturbe, localidad situada al sur de Villarrica, en la zona del Guairá, donde su padre estaba empleado en el ingenio azucarero desempeñando un cargo administrativo. Este pueblo pasaría a inmortalizarse en su obra como Manorá.

Sus primeros ocho años transcurrieron en un ambiente rural, en un mundo que mantenía sus figuras -mensúes, pinandy, carpincheros y navegantes de las jangadas, que pasaban por el curso del río- y la estructura industrial moderna que, en el fondo, repite el antiguo esquema feudal, obreros de las fábricas, sometidos a vasallaje por un amo, muchas veces desconocido, siempre inalcanzable, y vigilados en su labor para garantizar su rendimiento. Aprende, según su testimonio, a leer a Shakespeare y otros clásicos con su madre. Estudia sus primeros grados con su padre. Escucha los cuentos populares del mundo campesino paraguayo.

Retorna a Asunción para asistir a las aulas del San José, uno de los mejores colegios de la capital paraguaya, donde empezó a ver la vida en forma diferente, “porque daban muy buena instrucción y educación de alto nivel”.

Testigo directo de la revolución que este año sacudió el Paraguay desde Villarrica a Encarnación, llegó a tomar conciencia de su significado.

Abandona las aulas del San José para alistarse como voluntario en el Ejército para participar en la guerra del Chaco contra Bolivia. Por su edad no es destinado a la primera línea del frente, sino a los servicios de enfermería, “barriendo y levantando camillas”.

Finalizada la contienda, retorna a la vida civil, iniciando su trabajo en la banca y su labor en la prensa. Quizás en esta época, sin excluir el período inmediatamente anterior al conflicto paraguayo boliviano, es cuando se impresiona con la lectura de Freud y Marx. Estos dos autores marcarán a Roa cuando aún vive con su tío el Monseñor que, lejos de negarle el acceso a estas lecturas, lo deja libre para abordarlas con tranquilidad, porque, como el viejo clérigo afirmaba, “el hombre está mucho en lo que hace y en lo que estudia y en lo que lee”.

Su trabajo no se limita al de oficinista y redactor esporádico, sino que se proyecta en textos ensayísticos, publicados más tarde o aún ocultos o perdidos. Esta labor era “tentativas de reflexiones para aclararme algo. Es decir, lo que le pasa a todo el mundo, que escribiendo se van aclarando las ideas y ordenándolas. Eso también lo entendí pronto y me impidió el sectarismo intelectual. Todo lo que yo hago en ese espacio es para entenderme mejor yo, después si hay alguien a quien le viene bien eso, mejor”.

Presenta su primera novela, Fulgencio Miranda, al premio de narrativa convocado por el Ateneo de Asunción. La obra es elegida por los miembros del jurado como el mejor original, a pesar de lo cual no llegará a editarse, permaneciendo aún hoy escondida o definitivamente perdida.

Su labor como periodista, siempre desde las páginas de El País, y su consideración como intelectual destacado en el panorama cultural asunceno, le señalan como la persona idónea para realizar una serie de reportajes sobre la vida y los hombres de los yerbales de la zona norte del país, en la frontera paraguayo-brasileña. Así conocerá directamente otro drama de su tierra: el de la explotación del hombre.

Es nombrado secretario de redacción de El País, diario que mantiene su independencia incluso durante la tregua política decretada por el presidente Higinio Morínigo, mediante la cual se disolvieron los partidos opositores al poder oficial y se persiguieron sistemáticamente los sindicatos obreros y estudiantiles. Se casa con su novia iturbeña, Lidya Ana Mascheroni.

Publica su primer libro de poemas: El ruiseñor de la aurora, y quizás de esta época es la primera redacción de dos piezas teatrales: La Residenta y El niño del rocío, obra teatral folclórica estrenada en el Municipal, escrita en colaboración con Darío Gómez Serrato y Félix Fernández.

Miembro del grupo Vy’a raity, se relaciona con otros integrantes del grupo: Hérib Campos Cervera, Roque Molinari Laurin, Óscar Ferreiro, Elvio Romero, el guitarrista Sila Godoy, Liber Fridman… También, indirectamente, con Josefina Pla, la uruguaya Adelita Ayala Cabed y el historiador Guy de Holanda (miembro de la Misión Cultural Brasileña), el embajador boliviano Negráo de Lima y el filósofo Guillermo Franconich. A causa de estas relaciones y las que mantiene con el British Council, colabora con este organismo en una emisión diaria en radio Teleco, dirigido entonces por el ensayista británico George Pendle y al que pertenece, en calidad de Chairman, sir Eugen Millington Drake. Nace su primer hijo, Carlos Alberto.

Enviado por el British Council, con una beca, a Europa, es al mismo tiempo corresponsal de El País. El viaje le permite al escritor tomar contacto con el viejo continente y ampliar estudios de periodismo. Trabajará también para otras publicaciones periódicas europeas y para diversas emisoras de radio. De esa experiencia, relatada en artículos que enviaba al diario, surge luego un pequeño folleto: La Inglaterra que yo vi (Asunción. El País, 1946) Invitado por el Consejo Británico, y por la BBC, colabora en diversos programas de radio, difundiendo la situación y los problemas de América Latina.

Regresa a Asunción y recupera su actividad literaria y teatral, sin excluir su compromiso social y político. Este año estrena El niño del rocío, en escenificación realizada por el elenco del Ateneo Paraguayo, y redacta Mientras llegue el día -en colaboración con Fernando Oca del Valle-, así como la versión definitiva de La Residenta.

Toma una postura crítica frente al Partido Colorado, oficialista, y se manifiesta abiertamente contrario al poder presidencial y al mismo Morínigo. Nace su hija Mirta. Muere su primer hijo.

Sobreviene su primer exilio en virtud de su trabajo como editorialista en el diario El País. Se establece en Buenos Aires y ahí sobrevive como mejor puede, gracias a diversos oficios: ensayista y profesor, escritor y periodista, corrector de pruebas, traductor y adaptador de letras para canciones, guionista de cine, radio y televisión, comentarista radiofónico, empleado de una compañía de seguros. Vuelve a viajar por Europa y América como conferenciante, profesor invitado por diversos centros y jurado de algunos premios literarios.

Nace su tercer hijo en Buenos Aires, a quien le pone el mismo nombre que al primero: Carlos Alberto.

En la capital porteña publica El ruiseñor de la aurora.

Recoge en un solo volumen algunos de sus relatos breves, componiendo El trueno entre las hojas.

En enero, colabora en la revista Cuenco, más tarde Alcor, por el ofrecimiento de uno de sus directores: Rubén Bareiro Saguier —el otro era Julio César Troche— hasta que desaparece la publicación, en 1970. Con Lita Rodi, tiene un hijo llamado Carlos Augusto.

Con su novela Hijo de hombre gana el Primer Concurso de Narrativa Internacional, convocado por la Editorial Losada. La narración obtiene otros galardones: el Premio Municipal de Buenos Aires y la Faja de honor de la SADE. Es seleccionada como la novela paraguaya que participa en el concurso de la Fundación William Faulkner. Lucas Demare filma uno de sus capítulos –La sed– y el film es premiado en diferentes certámenes internacionales.

Edita Hijo de hombre y publica su segundo poemario: El naranjal ardiente, selección de un libro inédito anterior, que recupera en parte la Editorial Diálogo, en su colección Libros de la Piririta a cargo de Miguel Ángel Fernández (Asunción), con ilustraciones de tapa de Olga Blinder.

La Sociedad Argentina de Escritores (SADE)nombra a Augusto Roa Bastos director de su revista Taller Literario. Ese mismo año vuelve a Europa invitado por la Federación Germana de Escritores y el Instituto Iberoamericano de Berlín, participando junto a Borges, Arciniegas y Asturias, en diversos encuentros de creación y discusión literaria.

Publica El baldío, su segundo libro de cuentos, resultado de un continuo trabajo en el campo de la narrativa.

Los pies sobre el agua se edita en Buenos Aires, y en Chile, Madera quemada, ambos libros de cuentos.

En Caracas se publica Moriencia, otro volumen de narraciones breves.

La consideración pública de Roa como autor reconocido en todo el mundo, le permite volver al Paraguay bajo la dictadura de Stroessner. Sin abandonar su residencia bonaerense, aprovecha el permiso del Gobierno dictatorial para tomar contacto con los medios de comunicación, el público y los amigos paraguayos, dentro del país.

Obtiene la Beca Guggenheim por primera vez, lo que le permite escribir Yo el Supremo, sin sobresaltos.

Dos nuevos libros le son editados: Cuerpo presente y otros cuentos y El génesis de los Apapokuva-Guaraní, este último un nuevo poemario en el que utiliza el doble registro lingüístico guaraní—castellano, al traducir él mismo los versos escritos en su lengua indígena tradicional.

Se le concede el premio “Juan Simón” de escritores creativos.

Publica Yo el Supremo en Buenos Aires. Con Yo el Supremo, cumple la segunda entrega de un proyecto que, iniciado con Hijo de hombre, habrá de completarse en otro u otros volúmenes aún pendientes. Vuelve a obtener la Beca Gugenheim. Sus obras comienzan a traducirse a varias lenguas. Ese mismo año publica El pollito de fuego –dirigido a un público infantil–, con tapas e ilustraciones de Juan Marchesi, editado por Editorial la Flor. Dedicado a su primera nieta Natalia.

Abandona la Argentina para fijar su residencia en Toulouse (Francia) gracias a la gestión, dentro de la estructura universitaria de esa localidad francesa, de Jean Andreu, apoyado, desde París, por Rubén Bareiro Saguier. Allí ejerce la cátedra de Literatura Latinoamericana y Lengua Guaraní. Su trabajo como profesor no merma su actividad creativa, a la que se sigue dedicando junto a su trabajo como ensayista, colaborando en múltiples publicaciones. En periódicos y otros medios de comunicación, trata temas que le preocupan, ligados a Latinoamérica o al mundo en general.

Publica un nuevo libro de cuentos infantiles: Los juegos 1: Carolina y Gaspar, también con ilustraciones de Juan Marchesi, en la misma colección de la Editorial La Flor. Este dedicado a sus otros dos nietos del mismo nombre.

Publica Los juegos 2: la casa de invierno—verano, otro libro infantil, con el mismo ilustrador y la misma casa editora, en Buenos Aires. Nace su hijo Francisco producto de su relación con Iris Giménez, quien sería su compañera durante muchos años en Toulouse.

Ingresa al Paraguay por unos días, con Iris y su pequeño hijo, da conferencias y seminarios, y es expulsado del país, en forma violenta, arrebatados sus documentos y convertido en apátrida.

España le concede su nacionalidad en un acto público, respaldado por la decisión de las cortes democráticas del gobierno socialista. Con esta concesión se reconoce la ciudadanía específica a una persona sin que esta tenga que renunciar a recuperar la suya propia, en el caso de que le sea devuelta, amparándose en el acuerdo de doble nacionalidad hispano–paraguaya. Nace su hija Silvia.

Se le otorga en Francia el Premio de los Derechos Humanos y la ciudadanía francesa, además de nombrarlo Oficial de la Orden de las Artes y las Letras.

En Madrid, se le concede el premio de la Fundación Pablo Iglesias, por “la obra de toda una vida”, compartiendo el galardón con Olof Palme. Publica Yo el Supremo, obra de teatro, sobre el tema de la novela.

Nace su hija Aliria

Cae la dictadura de Alfredo Stroessner y se inicia la transición a la democracia en el Paraguay. Se le concede el Premio Cervantes. Roa sigue residiendo en Toulouse, muy cerca de la Universidad en la que ha impartido sus clases en los últimos años, y continúa comprometido en una tarea en la que la escritura solo es una parte del hombre que vive plenamente dentro del mundo que le ha tocado en suerte: “Si me pidiera una definición de mi literatura, diría que es una huida hacia adelante”.

Roa regresa al Paraguay, donde es recibido con honores. El presidente Andrés Rodríguez lo condecora y le restituye la ciudadanía.

Se publica Vigilia del Almirante, en ocasión del quinto Centenario del Descubrimiento de América.

Publica El fiscal, libro de la trilogía paraguaya sobre el poder, que incluye Hijo de hombre y Yo el Supremo.

 

Hugo Gamarra realiza El portón de los sueños, una película documental, donde Roa es protagonista y relator de sí mismo. Maravilloso material, que es constancia vívida de su persona. 

Publica la novela Contravida.

Publica la novela Madama Sui y el libro de aforismos, Metaforismos. Se instala definitivamente en Asunción. 

Sufre un episodio cardíaco y es llevado a Buenos Aires, intervenido en la Fundación Favaloro.

Inaugura el Centro Cultural de la República El Cabildo, del cual es nombrado asesor. Visita Cuba por primera vez y el gobierno cubano le otorga la medalla José Martí. Se editan sus libros en Cuba. De regreso al Paraguay dice haber terminado su novela Un país detrás de la lluvia, que aún se encuentra perdida.

Comienza a deteriorarse su salud y sus hijos Mirta y Carlos, junto a su primera esposa Lidya, acuden a ocuparse de sus cosas, turnándose en permanecer en el Paraguay.

El 26 de abril muere en una clínica de Asunción, tras ser intervenido por un edema subdural, producido por una caída en su propio domicilio.

Scroll al inicio