La doctora Carla Fernandes, profesora de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Burdeos (Francia), visitó recientemente nuestro país. Con ese motivo, pudimos mantener una conversación acerca de las razones de su desplazamiento al Paraguay. Habla de su “emoción” el encontrarse con los libros devueltos a nuestro país por una joven argentina el año pasado. “Cambian la interpretación que se tenía hasta ahora de la obra roabastiana”, sentencia.
Profesora, ¿cuál es el motivo de su visita al Paraguay?
Una investigación sobre los libros de la «Biblioteca perdida» de Augusto Roa Bastos. Por motivos laborales, no tuve la oportunidad de venir antes. Pero sabía que era importante esa visita y que las investigaciones realizadas serían distintas de las que vengo emprendiendo desde inicios de los años 90.
¿Cómo valora ese descubrimiento?
Es un hallazgo extraordinario. Y aunque quede mucho trabajo de investigación, de análisis y de reflexión, se puede decir desde ya que esos libros perdidos cambian la interpretación que se tenía hasta ahora de la obra roabastiana. No sólo de “Yo el Supremo”, sino de las obras anteriores y también de sus últimas novelas, porque entre esos títulos se encuentran grandes libros de la cultura universal que nutrieron su imaginación y su reflexión.
Oír primero el relato de tal rescate, ver fotos a miles de kilómetros crea una gran expectativa. Y cuando llegó el momento del encuentro real con ese tesoro me emocioné mucho y tuve la impresión que había saltado al mundo imaginario de un cuento de Borges o del mismo Roa. En África se suele decir que “cuando un anciano muere, una biblioteca arde”. ¿Y qué pasa con un autor cuando una de sus bibliotecas perdidas se rescata? ¿Y por qué ahora justamente?
De su anterior visita a Asunción, en 2017, en ocasión de cumplirse el centenario de don Augusto, ¿percibe algún avance en materia de difusión de su obra o cree que hubo un retroceso? En este sentido, ¿cómo ve la labor del sector público en la preservación y la difusión del legado roabastiano?
Las obras editadas están en un circuito comercial cuyos éxitos o dificultades ustedes como paraguayos conocen mejor que yo. A mí lo que me extraña más es que la literatura y los libros todavía no se reconozcan como patrimonio cultural que se debe proteger y preservar para las generaciones futuras. Y volviendo al inicio de la entrevista, estoy pensando precisamente en los libros de la biblioteca perdida de Roa.
En base a su conferencia del lunes 10 de marzo en la Carrera de Letras de la Facultad de Filosofía, de la Universidad Nacional de Asunción, ¿qué pautas investigativas desarrolló durante su presentación en esa alta casa de estudios, en relación con la obra de Roa Bastos?
Tras haber recordado el recorrido vital y literario de Roa a través de tres territorios (Paraguay, Argentina, Francia y nuevamente Paraguay, mencioné sus diferentes producciones. Asimismo, la doble vertiente de su obra, en relación con la creación y también desde el inicio en relación con la reflexión, el pensamiento o la teoría. Dos vertientes específicas de su escritura que se juntan en Yo el Supremo (1974). A continuación, me centré en la corriente crítica y teórica del estructuralismo en la cual se interesó Roa en los años 60 y 70. Y luego en la importancia de la lectura, en los años 80-90, del filósofo del lenguaje, Jacques Derrida. Se trataba de dar pautas para la investigación en la obra de Roa Bastos y concluí con una alusión a la crítica genética.
Con motivo de la conferencia pude adelantar ya algunos datos que provenían directamente de la investigación realizada con los libros de la “biblioteca perdida” de Roa. Y también hablé en ella sobre lo que significa investigar y ser un investigador en el campo de la literatura.
En este caso, se trataba de trabajar con un fondo bibliográfico de los años 1960, 1970. No es fácil intentar preservar el estado actual de los libros, algunos editados en los años 40, y al mismo tiempo fomentar la investigación y un mejor entendimiento de la obra de Roa Bastos. Quedo muy agradecida a la Fundación Augusto Roa Bastos por haberme facilitado el acceso a su excepcional archivo literario

