Prólogos
Introducciones que Iluminan las Letras Latinoamericanas
Prólogo. Las culturas condenadas
En este prólogo, Augusto Roa Bastos reflexiona sobre las tensiones y desafíos que enfrentan las culturas latinoamericanas, particularmente aquellas marginadas o consideradas «condenadas» por la hegemonía de las potencias culturales y económicas. Roa Bastos analiza cómo la imposición de modelos externos afecta la identidad y las tradiciones locales, y destaca la resiliencia de estas culturas frente a la adversidad. Con un enfoque crítico, el autor subraya la importancia de valorar y preservar las expresiones culturales autóctonas como parte fundamental del patrimonio humano. Este prólogo establece un puente entre la memoria histórica y la lucha por un futuro cultural más inclusivo.
Rafael Barrett. Descubridor de la realidad social del Paraguay
El texto «Rafael Barrett. Descubridor de la realidad social del Paraguay» es un prólogo escrito por Augusto Roa Bastos para la obra El dolor paraguayo de Rafael Barrett, publicada en 1978. En este prólogo, Roa Bastos destaca la figura de Barrett como uno de los más lúcidos e influyentes intelectuales que ha retratado la realidad social del Paraguay a principios del siglo XX.
Roa Bastos subraya la profundidad de las observaciones de Barrett sobre la desigualdad, la explotación y la opresión que marcaban la vida en el Paraguay rural y urbano de su tiempo. Según Roa Bastos, Barrett no solo fue un testigo crítico de las injusticias sociales, sino también un visionario que buscó despertar la conciencia colectiva mediante sus escritos cargados de humanidad y sensibilidad.
Además, el prólogo contextualiza la vida y obra de Barrett dentro de los conflictos sociales y políticos de la época, enfatizando cómo su legado trasciende las fronteras paraguayas y se convierte en un testimonio universal de lucha por la justicia y la dignidad humana. Roa Bastos reconoce a Barrett como un «descubridor» en el sentido de que su mirada reveladora permitió comprender la profundidad de los problemas estructurales del Paraguay, abriendo un camino para el análisis crítico y la acción social.
Este prólogo no solo rinde homenaje a Barrett, sino que también refleja la afinidad de Roa Bastos con los valores de justicia y transformación social que ambos compartieron.
Entre lo temporal y lo eterno
Voy perdiendo mi ser mientras me voy humanando… Guyravera, Chamán guaraní
Al terminar el relato del apocalíptico fin de la utopía de Jesuitas y Guaraníes, que se dio en llamar Ciudad de Dios y Ciudad del Sol, y terminó siendo un infierno; que llegó a ser un imperio al margen del imperio en el que no se ponía el sol, y al margen de la naciente Asunción, madre de ciudades, y de lo que pudo ser la República de las Provincias del Río de la Plata, embrionario germen de lo que sería el Paraguay, de lo que pudo ser la República Guaraní y nunca fue; un sueño que se convirtió en pesadilla, pero que, sigue siendo, pese a todo, un sueño de muchos; al terminar, decía, el texto Tentación de una Utopía, “Entre lo temporal y lo eterno”, Augusto Roa Bastos concluye: “El tiempo fue avaro con indios y jesuitas; la historia, ‘esa alucinación en marcha’, fue con ellos excesivamente pródiga en vicisitudes e infortunios”.
Y, sin embargo, a pesar de la pesadilla final de la destrucción, de la expulsión y el abandono de los jesuitas, de la diáspora de los indígenas perseguidos y cazados por bandeirantes y paraguayos, que en eso lamentablemente se emparentaron, cierra el texto con épica de leyenda: “Allí están las ruinas en su grandeza adivinada”.
La hecatombe de la destrucción no apaga la alucinación de lo que fue y queda en esos retazos de gloria, de “grandeza adivinada” entre los escombros del sueño que sobrevivieron a la pesadilla del “paraíso perdido” cantado y alabado hasta siglos después, aunque para los indígenas hubiera sido más bien un purgatorio en el que debían pagar por pecados que no sabían que eran pecados y, por lo tanto, ni podían haber cometido.
Prólogo del libro Poesías Completas de Josefina Plá y lo eterno
Esta escritora de primer orden, que pudo destacarse ampliamente entre sus iguales y ser una figura representativa en cualquier patria donde la inteligencia y el talento al servicio de una conciencia incorruptible constituyen un honor, prefirió quedarse a trabajar en su humilde retiro paraguayo, porque su vocación y su fe, su amor por esta tierra de su destino, son más fuertes que toda efímera ambición.
A su gloria personal, prefiere el anónimo heroísmo de los que construyen un arte en el desierto. En este terreno arrasado y semibaldío que en la cultura de América representa la poesía paraguaya, la poesía de Josefina Plá -junto con la de Hérib Campos Cervera- ha devenido escritura viva y fundadora de su renacimiento actual. Esta es su gloria más pura y perdurable.
Augusto Roa Bastos
